Una misionera en el estado Delta, al Sur de Nigeria.




No podía entender cómo y por qué una muchacha joven con un futuro brillante ante ella decidía dejarlo todo y escoger vivir con personas disminuidas. Vivíamos en una pequeña comunidad dónde hay una Casa en la que las Hijas de la Caridad asisten a personas con minusvalías en el contorno. Yo estaba fascinada por el trabajo heroico y la vida sencilla de estas Hermanas y el impulso de servir con amor y caridad era demasiado fuerte para resistir.

Mi vocación como Hija de la Caridad es: proporcionar alivio, dignidad, auto estima, alegría y amor a los pobres, sobre todo los más pobres de los pobres. Mi servicio a personas con minusvalías empezó en 1997 cuando fui enviada en misión a la Comunidad Madonna Okpanam, en el estado Delta, al Sur de Nigeria, para trabajar con el Equipo Base de Rehabilitación de la Comunidad.

El Equipo Base de Rehabilitación de la Comunidad (CBR) apoya la participación e inclusión de personas con minusvalías en la vida de sus comunidades. Comprende el trabajo con los individuos y sus familias para superar las barreras a través de un acercamiento holístico a la persona y su ambiente. Yo me zambullí en el servicio con gran dedicación y amor.

CBR cubre una inmensa área geográfica desde la capital del territorio Estatal hasta los pueblos remotos y los asentamientos de alrededor. Tenemos más de treinta comunidades con una red de carreteras muy difícil, ya sea en la estación lluviosa o seca. Peor todavía es la seguridad.

El primer paso es asegurarse el apoyo del jefe local. Eso nos va a ayudar sobremanera en nuestros servicios. Normalmente nos movemos de casa en casa, mientras buscamos a personas con minusvalía. A muchas familias no les gusta descubrirlos debido al estigma social. Normalmente los esconden y niegan que en su casa haya personas con minusvalías, pero después de explicaciones se les convence y vienen. La mayoría de los padres ofrece su pleno apoyo, porque no podemos hacer nada sin el consentimiento de las familias.

Nuestra intervención y actuación es en cuatro áreas: (1) educación (2) adquisición de habilidades y entrenamiento profesional (3) fortalecimiento y (4) la salud.

MIS DESAFÍOS:

A veces nos podemos desanimar por las actitud negativa de algunas personas con minusvalía, o sus padres, deseando dejarlos y después seguir adelante con aquéllos que aprecian la ayuda recibida. Pero entonces recuerdo las palabras de San Vicente: “si vais diez veces a servir a los pobres, diez veces encontrareis a Dios en ellos”. Para mí ésta es una llamada a servir a Cristo en ellos. Así que me consuelo y sigo caminando con la ayuda de quien me fortalece.

También experimenté gran impotencia cuando descubrí que en algunas situaciones no se puede hacer nada para ayudar. En esas circunstancias recurro a Dios que es la fuente de toda curación para que Él realice su milagro una vez más en sus vidas, especialmente en los que tienen epilepsia crónica.

El hecho de que la mayoría de las personas que llamamos minusválidos tienen también muchas habilidades me mantiene en pie. Tienen un gran deseo de no despertar lástima y dependencia, por lo que se esfuerzan por mostrarse como cualquier persona normal. Da gran alegría y felicidad ver las maravillas que el Señor ha realizado en las vidas de Sus hijos.

CONCLUSIÓN:

A pesar de los desafíos que he encontrado en este apostolado, la alegría de servir al Señor en los pobres y en las personas con minusvalías pesa más que los desafíos. He descubierto que ese Cristo se encuentra de dos maneras en nuestro apostolado. Por un lado, encontramos a Cristo en las personas con minusvalías y, por otro, las personas con minusvalías experimentan el amor de Cristo de una manera más profunda. En las dos dimensiones de encontrar a Jesucristo, una nueva Comunidad surge a la vida y todos experimentamos la plenitud de la vida en Cristo Jesús nuestro redentor.

Sor Toyin Amoko H.C.








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